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" Un periodismo en la búsqueda eterna de la Verdad, bajo la norma y guía de nuestra Conciencia "
Directora General: Lic. Paula Varona López
Enfoque
Por Salomón Beltrán Caballero
¿Puede el hombre jactarse de ser dueño de lo que posee? ,  si bien es cierto que debemos de esforzarnos para tener suficiencia en el cumplimiento de nuestras necesidades y de las necesidades de nuestra familia, en ocasiones, rebasamos con mucho esa intensión, y empezamos a atesorar bienes materiales, en la falsa idea, de que entre más tengamos y más evidente sea nuestra prosperidad al posesionarnos mejor en la tierra  y ocupar  un lugar de distinción, podríamos ser más visibles a los ojos de Dios, y con ello lograr su gracia, mas, por el contrario, podríamos estar con ello alejándonos del sitio que anhelamos tener en el cielo, si esa prosperidad está reñida con la espiritualidad y la doctrina de Jesucristo. “Con esta ocasión les dijo estad alertas, y guardaos de toda avaricia: que no depende la vida del hombre de la abundancia de los bienes que él posee” (Lc. 12:15). Cuando el hecho de tener más de lo que se necesita para vivir se vuelve preocupante, es el momento de  preocuparte más por tu salud física, mental y espiritual; porque  es  innegable  que  ahora tus prioridades han cambiado. “Que no consiste el reino de Dios en el comer, ni en el beber esto o aquello, sino en la justicia, en la paz y en el gozo del Espíritu Santo” (Romanos 14:17). Un hombre había salido bien librado de una terrible enfermedad, más no había quedado bien del todo, pues tenía cierta dificultad y en ocasiones dolor intenso para mover los brazos, cuando ello ocurría solía externarlo abiertamente, dando conciencia de ello a aquellos que estuvieran cerca, los cuales se compadecían de él; un día pasó a su lado un hombre sabio y al escucharlo éste le dijo: ¿te duele mucho?; ¡si señor me duele mucho! – replicó el doliente-, y no crees que te hubiera dolido más si hubieras muerto?; si hubiera muerto señor no me dolería -repuso el afectado- entonces qué prefieres, estar vivo y con dolor, o lo contrario; por supuesto que estar vivo – repuso el enfermo-;  entonces deja de lamentarte, que  otros no tuvieron la fortuna de salvar su vida y agradecerle a Dios por ello. Al término de esas palabras un par de tórtolas pasaron volando muy bajo, casi rozando la cabeza de aquel par de hombres, entonces el sabio repuso: ¿Acaso escuchas a ese par de tórtolas quejarse? Ellas también sufren como tú y todos los hombres, porque son seres vivos; más ellas están ocupadas en atender sus necesidades más apremiantes, y no se preocupan por lo que pudiera pasarles, Dios les dio la vida y están por ello eternamente agradecidas con Él y conformes con lo que les ha tocado vivir. Muchos de nosotros nos quejamos amargamente por lo que damos en llamar “la vida que nos ha tocado vivir”, nuestra ceguera y sordera espiritual no nos deja ver a plenitud el milagro de la vida y no nos deja escuchar con claridad  la invitación permanente que nos hace Jesucristo para reconocer los bienes que nos dan la vida eterna de los que son sólo producto de una ambición desmedida; ser pobre no es ningún castigo de Dios, ser próspero tampoco implica estar alejado de Dios, si en tu corazón  reina el amor de Jesús, seguramente sabrás qué hacer con tu riqueza o con tu pobreza. Cuando me dedico a elaborar el mensaje dominical, me agrada rodearme de elementos para estar en armonía con Dios, en ocasiones no logro tener todo aquello que pensaba era indispensable para entrar en tan divina inspiración, más Jesús me ha enseñado que lo único que necesito es escuchar a mi corazón porque Él habita ahí permanentemente. Dios les de prosperidad para ser siempre justos, para que la paz siempre reine en sus hogares y para dar gozo al Espíritu Santo que habita en sus corazones. Dios bendiga todos nuestros Domingos Familiares. enfoque_sbc@hotmail.com
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